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Al enseñar o al facilitar, a menudo escucho, «¿Podemos tener una reunión y simplemente hablar, sin ningún formato especial? Se siente más natural de esa manera.» Claro que pueden. Pero no me uniré. ¿Por qué? Porque soy consciente de lo que promovemos cuando usamos el flujo «natural.»

¿Qué es el flujo natural y cuáles son sus efectos?

El «flujo natural» es que las personas hablen cuando se sientan motivadas a hacerlo. Es lo que sucede fuera de cualquier formato acordado. Los estudios citados a continuación muestran que la ausencia de intencionalidad en la toma de turnos se manifiesta en patrones opresivos. Como ejemplo, los hallazgos a continuación son sobre género, siendo el género solo un eje de patrones opresivos en nuestras sociedades.
  • Los hombres hablan por más tiempo y hacen contribuciones más frecuentes que las mujeres en contextos formales. (1), (2)
  • Los hombres interrumpen con más frecuencia, especialmente, cuando la compañera de conversación es una mujer e, incluso, cuando la mujer está en una posición de poder. (3)

Si quieres decirme que en tus reuniones todos son iguales, considera la posibilidad de que tu percepción esté sesgada (como se muestra en (4)). Todas las personas, tanto mujeres como hombres, tenemos la idea preconcebida de que las mujeres hablan más que los hombres, aún si esto no está respaldado por los hechos. Al ver esto, no estoy seguro de creerle a alguien que dice que sus reuniones son igualitarias. Véase también esta anécdota de una (mujer) investigadora que optó por medir sus propios resultados de facilitación: «Incluso cuando lo intentaba explícitamente, no conseguí que los participantes en la discusión representen justamente la población de los alumnos en mi clase»(5) Si estás pensando que las mujeres solo tienen que ser más asertivas, esto subestima la complejidad del problema, ya que se puede demostrar (ver (6)) que son las mujeres asertivas, no los hombres asertivos, quienes tienden a ser penalizadas por ese comportamiento. Antes de hablar más sobre lo que se puede hacer, veamos de qué se están perdiendo los grupos que siguen el «flujo natural»:

 

  • Falta de información: menos personas hablando significa menos información sobre la mesa.
  • Falta de empoderamiento: un miembro del equipo que tiende a ser más silencioso (por la razón que sea) verá sus propias ideas menos representadas.
  • Demasiado enfoque en el proceso: un grupo que no tiene un proceso acordado deposita en todo el grupo la labor de gestionar los turnos. Lingüísticamente, la toma de turnos a menudo se maneja con marcadores no verbales. Por ejemplo, el sonido audible de la respiración significa que alguien quiere hablar o no está de acuerdo. Administrar los turnos sin un formato intencional quita atención al contenido.
  • La falta de escucha: en el flujo natural, la gente tiende a preparar su siguiente interrupción o a molestarse por ser interrumpidas. Todo esto cuando podría darse una escucha profunda.

Contra qué nos enfrentamos: sistemas

Los patrones son furtivos y persistentes. Los viejos sistemas están entretejidos en nuestros comportamientos y nuestras expectativas: hemos internalizado más de lo que somos conscientes. Ni los hábitos, ni las interacciones complejas entre sesgos internalizados y sutiles patrones de poder desaparecen «así, sin más». Reconociendo esta realidad, ¿cómo se puede insistir en el «flujo natural»? Noten que pongo entre comillas «flujo natural» porque me niego a aceptar el desequilibrio de poder como algo natural. Históricamente, demasiadas formas de opresión se han justificado como «naturales». No podemos contrarrestar los sistemas opresivos con ausencia de sistemas. Necesitamos mejores sistemas. Un ejemplo: un estudio revela que el método de toma de decisiones y la cantidad de hombres y mujeres parece marcar la diferencia (7): en grupos mixtos, el consenso como método de toma de decisiones es más inclusivo para las voces de mujeres que las votaciones por mayoría. Implementar mejores sistemas hace una diferencia. Necesitamos más sistemas que respalden el tipo de equidad que deseamos ver y que no dependan de percepciones potencialmente sesgadas de lo que es justo.

Rondas: islas de intencionalidad

La mejor opción que conozco es usar rondas. Hablar en rondas se usa en sociocracia, pero es un formato que ha existido desde hace mucho tiempo. Una ronda significa que todas las personas pueden hablar una por una. Sabemos que escucharemos a todas y reduciremos las interrupciones. De esa forma, todas saben cuándo es su turno y pueden relajarse y acostumbrarse a escuchar. Hablar en rondas no significa hacer uso del turno necesariamente. ¿Pasar el turno socava el uso de rondas? No.

  • Tener un turno y pasar es completamente diferente a que no te pregunten. Escuchar la voz de un miembro del equipo, consultar cómo se siente, saber que no se está guardando algo que le gustaría decir, todos estos pedazos de información nos ayudan a mantenernos unidos como equipo.
  • Algunos grupos usan el flujo “natural” y luego preguntan periódicamente a las personas silenciosas por su opinión. Aunque aprecio mucho la intención, no disfruto de la suposición inherente de la diferencia de poder. Ser iguales en una ronda es diferente a que la gente más asertiva invite a las voces de los introvertidos. Escuchar a todos los miembros desde el principio, en lugar de pasar la mayor parte del tiempo de reunión solamente en las ideas de los miembros extrovertidos.
 

Se trata de sistemas (no de personas) y de nuestra voluntad de ser intencionales respecto de los sistemas de los que formamos parte.

Mi intención no es señalar culpas. Las mujeres son parte de mantener los patrones, al igual que los hombres. Afortunadamente, las islas de intencionalidad son potentes para romper estos patrones.

 

(publicado originalmente por Ted J. Rau en la revista Enlivening Edge )