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Nuestra reacción a lo que la vida nos depara no siempre puede predecirse, pero una dosis de autoconocimiento puede ayudar. En este artículo, repasaré aspectos del sistema nervioso, y cómo podemos apoyarnos en la creación de entornos más seguros en nuestros grupos para practicar la corregulación durante las reuniones

Los humanos somos seres sociales y estamos programados para estar conectados. Exploramos intuitivamente nuestro entorno en busca de señales de seguridad y peligro. Para sobrevivir, observamos, procesamos y respondemos a lo que ocurre en nuestro entorno. Ser conscientes de lo que hace que nuestras propias respuestas del sistema nervioso, así como las de los demás, se activen, puede ayudarnos a construir comunidades más sanas.

Por Sofie Malm

 

Viajes en el tiempo y experiencias traumáticas

Nuestra historia y nuestras experiencias previas conforman la forma en que nuestro sistema nervioso reacciona a lo que ocurre aquí y ahora. Especialmente los traumas del pasado pueden influir mucho en nuestras respuestas. Estas respuestas traumáticas son experiencias de viaje en el tiempo, situaciones en las que no respondemos realmente a lo que está sucediendo en el momento presente, sino a algo que sucedió en el pasado. Te pongo un ejemplo: En una reunión de grupo, cuando sugiero que avancemos en la conversión del cobertizo no utilizado en un espacio para talleres creativos, la persona que tengo enfrente pone los ojos en blanco, empieza a hablar más rápido y en un tono más agudo, mientras argumenta en contra de mi sugerencia. Noto que se me aprieta el vientre, que la sangre me sube a la cara y me pone las mejillas rojas y la boca seca. De repente, estoy muy tensa y se me paraliza la voz. Yo digo “como sea, da igual” y luego permanezco en silencio durante el resto de la conversación. Para mí, la situación está completamente fuera de control, su reacción es excesiva y mi respuesta definitivamente no está contribuyendo a crear una conexión.

Cuando analizo mi reacción en retrospectiva, me doy cuenta de que a lo que realmente reaccioné ocurrió hace 20 años. Reaccioné ante una situación que se produjo cuando trabajaba como camarera y mi jefe me humilló delante de una sala llena de invitados. En ese escenario, por aquel entonces, mi jefe también ponía los ojos en blanco y hablaba rápido con un tono elevado. La reunión del grupo es una situación nueva, pero que se parece a una antigua. Y así se reactivó una vieja herida.

Me he dado cuenta de que a otras personas de mi entorno les pasa lo mismo. Muchas veces nuestras respuestas se disparan y ya no somos capaces de hablar con calma sobre el tema en cuestión. Nuestras respuestas se interponen en el camino de la participación significativa y conducen a la desconexión en el grupo. Nos hemos reunido por una razón, para organizarnos en torno a cosas que a todos nos importan profundamente, pero de vez en cuando es imposible desarrollar el amor, la confianza y la seguridad dentro del grupo. Intelectualmente, sé que estoy segura con la gente que me rodea, pero mi cuerpo me dice lo contrario.

No quiero que situaciones como la de mi antiguo jefe se interpongan en el camino de la organización y el cambio significativo. Sin embargo, mi cuerpo siempre intenta protegerme del daño y evitar que se repitan experiencias dolorosas que ocurrieron con anterioridad. Evidentemente, es algo bueno a lo que hay que aspirar, pero, por desgracia, estas respuestas físicas a veces me impiden responder al presente y estar en conexión conmigo misma y con los demás. La experiencia de viajar en el tiempo puede sacarme del presente.

Cuando los desencadenantes ambientales nos alejan de la experiencia de seguridad y provocan respuestas que nos alejan de la conexión, necesitamos herramientas para volver a nuestra zona de interacción social. Para algunos de nosotros, algunas veces, es posible gestionarlo individualmente. Autorregularse, con la respiración tranquila u otras prácticas de enraizamiento, y superar la respuesta al trauma y volver al aquí y ahora. Sin embargo, esto puede ser un reto, y la mayoría de nosotros a veces necesitamos el apoyo de nuestros compañeros para hacerlo. La corregulación nos ayuda a ajustar nuestra respuesta a la realidad presente.

 

¿Qué es el sistema nervioso autónomo?

El sistema nervioso recoge información compleja de todo nuestro cuerpo y coordina nuestras actividades. El sistema nervioso autónomo es una parte de nuestro sistema nervioso periférico (básicamente todos los nervios situados fuera del cerebro). Es involuntario, actúa sin que nosotros lo afectemos activamente o ni siquiera pensemos en el. El sistema nervioso autónomo controla nuestras glándulas y órganos internos, y se encarga de procesos como la digestión, el ritmo cardíaco y la respiración. El sistema nervioso autónomo también nos ayuda a buscar, interpretar y responder a las señales de peligro.

El sistema nervioso autónomo se ha desarrollado a través de tres etapas evolutivas. Se desarrolló desde los antiguos peces hasta los mamíferos y los humanos, y en cada paso, su complejidad creció. Este proceso evolutivo ha creado una jerarquía de vías en el sistema nervioso autónomo, cada una de ellas asociada a un tipo particular de respuesta conductual.

Crédito: Zackary Drucker. Colección Espectro de Género

La vía más antigua provoca una respuesta de inmovilización ante la percepción de peligro. Esto nos lleva a responder a nuestro miedo congelándonos, adormeciéndonos o cerrándonos. La siguiente vía nos lleva a la movilización. Nos activamos y obtenemos una descarga de adrenalina que nos permite luchar o huir. La tercera vía corresponde a la interacción social. Esta es la más reciente adición a la jerarquía de respuestas y nos permite sentirnos seguros, tranquilos, conectados, creativos y comprometidos.

Solemos reaccionar con el sistema más nuevo y, si no funciona, probamos con uno más antiguo y luego con el más viejo. A menudo se habla de subir y bajar la escalera de la respuesta nerviosa.

 

 

¿Cómo afecta el sistema nervioso a nuestras relaciones?

Los humanos somos seres sociales y estamos programados para estar conectados. Exploramos intuitivamente nuestro entorno en busca de señales de seguridad y peligro. Para sobrevivir, observamos, procesamos y respondemos a lo que ocurre en nuestro entorno. Estas acciones forman parte del sistema nervioso autónomo, por lo que se producen sin que seamos conscientes de ellas ni podamos controlarlas. Esta exploración involuntaria y automática de nuestro entorno, y nuestras respuestas a las señales que recibimos, desempeñan un papel fundamental en la creación de nuestra experiencia del mundo.

Esta exploración de nuestro entorno puede provocar diferentes respuestas en nosotros, en las que se activan diferentes partes de nuestro sistema nervioso. Algunas partes de nosotros buscan y responden a las señales de seguridad, y se esfuerzan por conectar con los demás. Otras partes de nosotros están más atentas a las señales de peligro, y nos moverán hacia la autoprotección, y se alejarán de la conexión. Cuando estas últimas partes toman el control por completo, podemos experimentar una sensación de estar congelados o apagados.

 

El sistema nervioso responde a todo lo que experimentamos

Cada día subiremos y bajaremos en la escala de sentirnos seguros o en peligro en función de las situaciones a las que nos enfrentemos. Estar con personas que conocemos y en las que confiamos suele mantenernos en la zona de respuesta de interacción social. Mientras que otras cosas, como el ladrido de un perro, el tono de voz de alguien, un ligero cambio de expresión facial, un determinado tipo de postura corporal, un sonido repentino o un recuerdo, pueden hacernos descender en la escala

Ser conscientes de lo que hace que nuestras propias respuestas del sistema nervioso, así como las de los demás, se activen, puede ayudarnos a construir comunidades más sanas. Reconocer cuándo su sistema nervioso puede estar malinterpretando las señales, percibiendo peligro donde no lo hay, puede ayudarte a mantener la calma y la conexión. Del mismo modo, entender cómo tu comportamiento puede poner en marcha el sistema nervioso de otra persona puede ayudarte a tomar decisiones diferentes para favorecer la regulación de los demás.

Si nos sentimos inseguros, la mayoría de nosotros podemos volver a comprometernos socialmente con bastante facilidad cuando nos damos cuenta de que no estábamos ante una amenaza real. Pero muchos de nosotros hemos vivido situaciones que nos han llevado a un trauma, lo que sesga nuestra capacidad de evaluar adecuadamente las señales de peligro. El trauma es el resultado de una situación que es demasiado, demasiado pronto y demasiado rápido y que deja al cuerpo indefenso e incapaz de responder adecuadamente. El objetivo de un cuerpo que ha experimentado eso es no tener que volver a vivir esa situación. Y, por lo tanto, hace todo lo que puede para protegerse, normalmente evitando todo lo que parezca similar a la situación que le causó el trauma. Por lo tanto, la respuesta puede ser desproporcionada. Al igual que cuando reaccioné a lo que me hizo mi antiguo jefe, veinte años después, la reacción al trauma aparece una y otra vez, en situaciones aparentemente banales.

 

Cómo podría ser la activación del sistema nervioso

Foto de Alexander Krivitskiy en Unsplash

Mientras nos esforzamos por protegernos de los peligros pasados o percibidos en el presente, podemos malinterpretar las señales como peligrosas (aunque sean neutras, o incluso seguras), lo que hace que bajemos rápidamente por la escalera. Esas señales, en primer lugar, hacen que el cuerpo responda y pase a la siguiente vía neuronal: la movilización. Su característica respuesta de lucha/huida puede manifestarse de muchas maneras diferentes. Nuestro objetivo es neutralizar la amenaza o alejarnos de ella. Esto puede hacerse discutiendo, ignorando a los demás, cambiando de tema, apaciguando a alguien o fingiendo que no hay ningún problema. Puedes notar que la gente a tu alrededor entra en un estado de agitación, ya que empiezan a respirar más rápido y a hablar más alto y más rápido. Sus ojos pueden agrandarse y pueden empezar a sudar. Puede que cambien su expresión facial, y que expresen miedo y enfado. También es posible que les cueste más entender la complejidad, que oigan que se ha dicho algo pero que no capten el significado real en el contexto. Una persona activada podría responder culpando, atacando o juzgando a los demás, y también podría ofenderse por algo que de otro modo se encogería de hombros.

Cuando la movilización no funciona, nos movemos aún más hacia abajo, hacia la inmovilización. El aumento de la sensación de peligro y angustia puede hacer que nos quedemos paralizados, que nos sintamos insensibles, que nos disociemos o que nos desconectemos por completo. Puedes notar que las personas que te rodean se inmovilizan, ya que su respiración se vuelve más superficial, su postura se endurece y evitan el contacto visual. Su mirada puede ser desenfocada y distante y puede mostrar una expresión facial inexpresiva. Puede que dejen de hablar y se retiren.

Foto de Solen Feyissa en Unsplash

A menudo es más fácil volver a subir la escalera con la ayuda de otros, ya que nuestras respuestas a las señales de peligro son demasiado abrumadoras para nosotros y podemos sentirnos atrapados o incapaces de encontrar una forma viable de salir de la situación. Como facilitador, una de las cosas más importantes que hay que crear son espacios para la interacción social y también para reconocer cuándo una persona está reaccionando a las señales de peligro y ofrecerle apoyo con la corregulación.

 

Estamos diseñados para la conexión y podemos practicar la corregulación

Cuando una situación se aleja de la conexión, todos somos corresponsables de adoptar comportamientos de corregulación. Tenemos alrededor de medio segundo para elegir nuestra reacción antes de que la respuesta autonómica entre en acción. Por supuesto, no tendremos la capacidad de elaborar estrategias bien pensadas en medio segundo. Sin embargo, podemos acostumbrarnos a calmar el cuerpo inhalando profundamente y exhalando lentamente. Esa sola respiración puede ser suficiente para que nos sintamos seguros y conectados. No siempre tendremos la capacidad de ofrecer corregulación, pero cuanto más practiquemos, más capacidad crearemos.

Podemos aprender a ser conscientes de nuestras respuestas corporales y mejorar nuestra capacidad de mantener la calma, en lugar de bajar la escalera. Desde ese estado de calma, tenemos acceso a nuestro cerebro creativo y a nuestra capacidad para apoyar a nuestros compañeros en la corregulación. Cuando comprendemos que el comportamiento de los demás no va necesariamente dirigido a nosotros, sino que pueden ser simplemente sus respuestas corporales, resulta más fácil dejar de enfocarnos en nosotros solamente y centrarnos en restablecer la seguridad dentro del grupo. Para ayudar a las personas a sentirse más tranquilas, les hablamos en voz baja, modulamos nuestras voces y tonos para favorecer las conductas de escucha y nos aseguramos de crear entornos tranquilos y silenciosos en los que tengamos tiempo y espacio para escucharnos.

Crédito de la imagen nappy.co

Saber que tenemos acceso a prácticas de restauración dentro de la sociocracia, como una ronda de cierre, en la que podremos ver satisfechos nuestros sentimientos y necesidades, hará que sea más fácil aguantar la tristeza o la decepción a lo largo de la reunión.

Cuanto más practiquemos la corregulación, más crecerá nuestra capacidad de autorregulación y habrá cada vez más personas en nuestros grupos que puedan detener una espiral descendente.

Como facilitador en un grupo, tenemos la oportunidad de apoyar a las personas en su corregulación. Modelar un comportamiento de corregulación facilita que los participantes adquieran hábitos que favorezcan una sana armonía en el grupo. Esforzarse por lograr una armonía grupal saludable no equivale a evitar los conflictos y desacuerdos, sino a asumirlos desde estados regulados y avanzando con el objetivo colectivo en mente.

 

¿Qué herramientas puedo utilizar como facilitador?

  • Validación – Utiliza lenguaje afirmativo. Ejemplo: “He oído que estás molesto y que es importante para ti que atendamos los conflictos dentro de nuestro grupo. ¿Hay algo más que quieras que se escuche?”
  • Ayuda a los participantes a reconocer los mensajes del cuerpo – Invita a los participantes a explorar lo que ocurre en sus cuerpos. Juega a encarnar diversos sentimientos, como la ira, el miedo o la alegría. Pregunta: “¿Qué ocurre en tu cuerpo cuando adoptas la forma de la ira?” “¿Qué ocurre en tu cuerpo cuando ves a alguien adoptar la forma del miedo?”
  • Explora las sensaciones, como el movimiento, la temperatura o la presión en diferentes lugares del cuerpo cuando juegas con estas emociones. Pregunta: “¿Qué ocurre cuando exploras esa sensación?”
  • Centrarse con intención – Abre el círculo invitando a los participantes a centrarse en su propósito colectivo. Pide a los participantes que se pongan de pie y coloquen una mano en el vientre y la otra en el pecho y sientan su respiración. Lee algo que dé sentido al grupo, como la declaración de la visión o un poema.

Foto de Rosie Fraser en Unsplash

  • Orientar hacia la belleza – Sólo podemos experimentar la belleza cuando nos sentimos seguros. Decora el espacio de la reunión con objetos bonitos. Asegúrese de que todos los participantes son conscientes de los elementos que les alegran antes de comenzar la reunión. Cuando sea necesario regular, pida a los participantes que pogan atención en un objeto y lo describan.
  • Romper el patrón y conectar con el cuerpo – Cuando las cosas se calientan y estamos atrapados en nuestra respuesta traumática, tendemos a perder el contacto con nuestro cuerpo. Continuar una discusión cuando la gente está en respuesta al trauma no es la mejor decisión. Tómense un descanso, vuelvan a conectarse con sus cuerpos a través de juegos, dando un paseo o realidando una práctica para centrarse. Vuelve después y aborda la tensión.

 

Lee más sobre qué hacer cuando las emociones se disparan aquí

¿Cómo puedo regular mi sistema nervioso como miembro del círculo?

  • Presta atención a tus propias tensiones – Podrías notar que estás apretando el puño. ¿Qué ocurre cuando apoyas el puño apretándolo?

Foto de Andreya Ek Frisk

  • Subir o bajar el volumen – Imagina que las sensaciones de tu cuerpo tuvieran un mando para subir o bajar su volumen. ¿Qué sucede cuando bajas el volumen de esa opresión en la garganta, sólo un poco? ¿Qué pasa cuando subes un poco el volumen de tu corazón palpitante?
  • Ama la resistencia – Cuando la resistencia aparece es una señal de que algo es importante para ti. Siéntate con la resistencia y explótala. Atiende a esos conceptos e ideas iniciales de lo que no quieres, ¿qué te están diciendo sobre lo que realmente importa? ¿A qué apuntan? Empieza a explorar lo que quieres y los valores que aprecias.
  • Respira profundamente y trae a tu mente un recuerdo de la conexión con la persona con la que tienes dificultades. Explora las sensaciones que aparecen en tu cuerpo con este recuerdo.

 

 

¿Cómo puedo apoyar a otros con la corregulación como miembro del círculo?

  • Calma tu voz: habla más despacio y utiliza más melodía
  • Validación – He oído que tu interpretación de lo que dije fue que no quería seguir adelante con la propuesta. Necesito hacer entender mis necesidades, así que dame otra oportunidad para explicar los cambios que sugiero para avanzar
  • Sonríe e inclina la cabeza: esto crea la percepción de que estás a salvo y no eres una amenaza
  • Manten la calma y la conexión: utiliza los consejos para regular tu propio sistema nervioso y evitar seguir la espiral descendente

 

Conclusión:

Nuestras reacciones no siempre están relacionadas únicamente con lo que ocurre en la sala en ese momento. La habilidad de conocerse a sí mismo lo suficientemente bien como para determinar en qué punto de la escalera se encuentra y si está a punto de empezar a bajar, así como la capacidad de sintonizar con los demás, son cruciales para establecer relaciones saludables. Espero que estas herramientas te ayuden a ti y a tu grupo a empezar a practicar juntos las técnicas de corregulación.

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